Os tengo a tiro, sabandijas
Acabo de dar de baja a mi catalejo. Total, para lo que hay que ver.Hay calma chicha, y ganas de no decir nada.
Pero yo sé que unos cuantos masoquistas de confesión diaria me echan de menos. Claro que esta vez no voy a decir sus nombres. No pienso hacerles más publicidad. Yo no soy quien tiene que dar de comer a su insaciable ego. Nada de eso. Ellos saben que les estoy apuntando con mis cañones, y con eso basta. Más de uno, o una, hasta se ha vuelto más comedido, o comedida. Sin embargo, otro se ha vuelto más facha aún si cabe. ¡Qué le vamos a hacer! Hay quien todavía sueña con la revolución obrera y hay quien está deseando hacer este verano las prácticas en La Razón. Hay gustos para todo. E imbéciles para más.
Pero reconozco, que os habéis aprovechado de mí. Creasteis para vuestro uso y disfrute una nueva máxima: Ese blog es guay porque lo pone verde el Halsey. Pues se acabó ese chollo. Desde que se la he mamado a un cartujo, ahora mido muy bien mis palabras.
A los salidos de madre, a los salidos de sí mismos, a los que se les salen las ganas por los ojos, a los que se les sale la fuerza por la boca, a tanto salidillo suelto que sale a ver que le sale, a los salen por salir y a los que, por más que busquen una salida, nunca entrarán en vereda. Y, como es de esperar, a mis queridos monstruos, desde la ególatra y demás familia, a la indómita, la calentorra, la exhibicionista, la mirada inoperante, el ojitos plúmbeos, los pastelillos del príncipe o el príncipe de los pastelillos y el polvo de Joana con el holandés que me sigue poniendo pino.
A los que cuelgan cartelitos y a los que se cuelgan a si mismos, a los adictos a los colgantes y a los colgantes de los adictos, a los que van de cuelgue en cuelgue y a tanto tonto contemporáneo con colgaduras a la calle que anda colgado por ahí. Y ni que decir tiene que también a mis queridos monstruos, desde la ególatra y demás familia, a la indómita, la calentorra, la exhibicionista, la mirada inoperante, el ojitos plúmbeos, los pastelillos del príncipe o el príncipe de los pastelillos y el polvo de Joana con el holandés que me sigue poniendo pino.
Me extraña que no os deis cuenta de lo mucho que me necesitáis.